¡SEXO, MILLONES Y CERO BESOS! LA PAREJA QUE CUENTA TODO SIN FILTRO
Mile y Francis viven del trabajo sexual, muestran cuánto cobran y cuentan las reglas que separan el negocio de la pareja. Tienen clientes que pagan hasta $3 millones por una noche, otros que solo quieren hablar y hasta recibieron viajes de regalo.

Mile y Francis llevan cuatro años juntos y tienen una vida bastante fuera de lo común: los dos son trabajadores sexuales, conviven, forman una familia ensamblada y además cuentan en redes cómo son sus encuentros con clientes y cuánto dinero pueden dejarles.
Ella llegó al rubro después de perder su trabajo en una heladería. En su primera noche, durante una despedida de soltero en Pilar, asegura que ganó lo mismo que cobraba en un mes en su antiguo empleo. Tiempo después conoció a Francis, que por entonces trabajaba como fotógrafo especializado en imágenes para páginas de escorts.
Hoy trabajan por separado y también juntos. Francis cobra $180.000 por hora, más una seña de $20.000, aunque determinadas noches con parejas pueden llevar la tarifa hasta los $2,5 o $3 millones. Cada uno atiende entre 10 y 15 clientes por mes.
Pagan millones y a veces ni siquiera hay sexo
Una de las particularidades que más sorprende es que no todos los clientes buscan encuentros sexuales. La pareja contó que algunos los contratan simplemente para pasar horas conversando.
En una oportunidad, un hombre los llevó a una habitación del Hotel Faena y terminaron pasando seis horas escuchándolo hablar de su vida. En otro caso, un cliente les pagó $200.000 por una videollamada que duró apenas cinco minutos.
También venden videos de manera privada. Según explicaron, cada contenido puede valer entre $80.000 y $200.000, dependiendo de lo solicitado.
“Una vez que cobrás, el gusto se pierde”
Para ellos existe una división clara entre pareja y trabajo. Francis explicó que con sus clientes hombres rara vez se besa, mientras que con Mile la situación es completamente distinta.
Ella, por su parte, dejó recientemente de mantener determinadas prácticas sexuales con clientes y actualmente se dedica principalmente al BDSM y la dominación. “Una vez que cobrás, el gusto se pierde. A menos que te enamores”, resumió.
Uno de sus clientes más particulares fue un hombre de 60 años que visitó a Mile durante más de un año. Además de perfumes, ropa y gift cards, llegó a pagarle un viaje a Río de Janeiro para ella, Francis y sus hijos, con pasajes y alojamiento incluidos.
La relación terminó por un motivo bastante particular: él quería besarla y ella mantenía los besos fuera del trabajo.
La pareja también comenzó a mostrar parte de esta vida en Instagram mediante gafas inteligentes: graban las llegadas, los ascensores, las despedidas y los montos cobrados, ocultando los rostros de los clientes.
Entre encuentros de $180.000 por hora, noches millonarias, regalos, clientes que solo quieren hablar y una relación con reglas propias, Mile y Francis decidieron transformar una vida que suele mantenerse en secreto en contenido para redes.
